CONTRADICCIONES EN BENDICIONES

 


Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo.
Un día el hijo le dijo: Padre, que desgracia! Se nos ha ido el caballo. ¿Por que le llamas desgracia? Respondió el padre, veremos lo que trae el tiempo...
A los pocos días el caballo regreso, acompañado de otro caballo. ¡Padre, que suerte! exclamó esta vez el muchacho. Nuestro caballo ha traído otro caballo. -¿Por que le llamas suerte? - repuso el padre - Veamos que nos trae el tiempo.
En unos cuantos días mas, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y este, no acostumbrado al jinete, se encabrito y lo arrojo al suelo. El muchacho se quebró una pierna. -¡Padre, que desgracia! - exclamo ahora el muchacho -. ¡Me he quebrado la pierna! Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentencio: - ¿Por que le llamas desgracia? ¡Veamos lo que trae el tiempo!
El muchacho no se convencía de la filosofía del padre, sino que gimoteaba en su cama.
Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra. Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo. El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno.
Lo mejor es esperar, pero sobre todo confiar en DIOS, porque todo sucede con un propósito positivo para nuestras vidas de acuerdo a su plan infinito..... ¡Gloria a Dios!!! 



Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:

- Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores
diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje
que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis
herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser
un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.

Todos los que escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber
escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres
palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total...
Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.

El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su
padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por
tanto, lo trataba como sí fuera de la familia. El rey sentía un inmenso
respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:

-No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje.
Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente,
y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo
estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio
este mensaje -el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo
dio al rey-. Pero no lo leas -le dijo- mantenlo escondido en el anillo.
Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres
salida a la situación-

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el
reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo
perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un
lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un
precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver
porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los
caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...

De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró
un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía "ESTO TAMBIÉN
PASARA".

Mientras leía "esto también pasará" sintió que se cernía sobre él un gran
silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el
bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a
poco dejó de escuchar el trote de los caballos.

El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico
desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel,
volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el
reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran
celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.

El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:

-Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.

-¿Qué quieres decir? -preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente
celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación
sin salida.

-Escucha -dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para situaciones
desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para
cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es
sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "Esto también pasará", y
nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la
muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había
desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había
iluminado.

Entonces el anciano le dijo:

-Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes.
Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza.
Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la
naturaleza misma de las cosas.


 


Se dice que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada. Cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logró meterse por un agujero de una de las puertas de dicha casa. El perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera. Al terminar de subirlas se topó con una puerta semi abierta; lentamente se adentró en el cuarto. Para su sorpresa se dio cuenta que dentro de ese cuarto habían mil perritos más observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos. El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco. Los mil perritos hicieron lo mismo. 
Posteriormente sonrió y le ladró alegremente a uno de ellos. El perrito se quedó sorprendido al ver que los mil perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él. Cuando el perrito salió del cuarto se quedó pensando para sí mismo: "¡Qué lugar tan agradable! ¡Voy a venir más seguido a visitarlo!" 
Tiempo después otro perrito callejero entró al mismo sitio y se encontró entrando al mismo cuarto. Pero a diferencia del primero, este perrito al ver a los otros mil perritos del cuarto, se sintió amenazado ya que lo estaban mirando de una manera agresiva. Posteriormente empezó a gruñir; obviamente vio como los mil perritos le gruñían a él. Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros mil perritos le ladraron también a él. Cuando este perrito salió del cuarto pensó: "¡Qué lugar tan horrible es éste! ¡Nunca más volveré a entrar aquí!" 
En el frente de dicha casa se encontrabas un viejo letrero que decía: "La casa de los mil espejos". Todos los rostros del mundo son espejos... Decide cuál rostro llevarás por denro y ése será el que mostrarás. El reflejo de tus gestos y acciones es lo que proyectas ante los demás. 
Las cosas más bellas del mundo no se ven ni se tocan, sólo se sienten en el corazón.

 

 

Había una vez un Rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta.
Muchos artistas intentaron. El rey observo y admiró todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.
La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas placidas montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos los que miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.
La segunda pintura también tenia montañas. Pero éstas eren escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada lo pacífico. Pero cuando el Rey observo cuidadosamente, él miro tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado placidamente un pajarito en el medio de su nido... Paz perfecta. El Rey escogió la segunda. ¿Sabes por qué? Porque, explicaba el Rey, "Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor.
Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la "paz".
ESA PAZ SOLO LA DA JESÚS..... NUESTRO SALVADOR

 

 



El primer día en la Universidad, el profesor se presentó y nos pidió que buscáramos en la clase a alguien que no conociéramos y nos presentáramos.

Yo estaba buscando entre mis compañeros, cuando sentí una mano gentil que tocó mi hombro.

Me di vuelta, y pude ver a una viejecita cerrándome el ojo y brindándome una hermosísima sonrisa que la iluminaba completamente.

Ella me dijo: Hola guapo. Mi nombre es Rosa. Tengo ochenta y siete años.. ¿Puedo darte un abrazo?.

Mi carcajada fue inmediata... y le contesté: ¡Por supuesto que puede! Y me dio un gran apretón.

¿Por qué estás en la universidad a una edad tan joven e inocente? Pregunté.

Ella sonriente respondió: Estoy aquí para encontrar a un joven millonario, casarme, tener una pareja de niños, y luego retirarme a viajar por el mundo.

No, en serio, le dije, porque estaba curioso de que había motivado a una mujer de su edad a aceptar un reto tan grande como éste.

Yo siempre soñé con tener educación universitaria, y ahora estoy cumpliendo mi sueño.

Después de clases fuimos al Centro Estudiantil y compartimos un batido de chocolate. En ese mismo momento nos hicimos amigos.

Todos los días en los siguientes tres meses, salíamos juntos de clases y no parábamos de charlar. Yo estaba siempre atónito escuchando a esta "Máquina del tiempo" que compartía toda su sabiduría y su conocimiento conmigo.

A lo largo del año, Rosa se convirtió en la atracción de la escuela, haciendo amigos fácilmente en cualquier lugar a donde fuera.

Ella amaba vestirse bien y disfrutaba la atención incondicional de los estudiantes que la rodeaban. Estaba dándose su gusto, viviendo la vida.

Al final del semestre la invitamos a dar un discurso en el banquete del equipo de fútbol, y nunca olvidaré lo que nos enseñó.

Fue presentada, y subió al podio. Mientras acomodaba las tarjetas del discurso que nos daría, algunas se le cayeron al piso.

Desconcertada y un poco avergonzada, tomo el micrófono y simplemente dijo: Lo siento, estoy un poco nerviosa. Nunca recuperaré mi discurso en orden nuevamente, así que déjenme decirles solamente lo que sé.

Mientras nos reíamos ella aclaró su garganta y empezó: Nosotros no dejamos de jugar porque nos hacemos viejos; crecemos viejos porque dejamos de jugar. Solo existen cuatro secretos para permanecer jóvenes, ser felices y acumular éxitos.

Tienen que reír.

Tienen que buscar alegría y humor en todo lo que hacen, todos los días de su vida.

Tienen que tener un sueño. Cuando pierdes los sueños, mueres. Hay mucha gente caminando a nuestro alrededor que está muerta y ni siquiera se ha dado cuenta.

Existe una diferencia enorme entre envejecer y crecer. Si tienes diecinueve años y te quedas en cama por un año entero, sin hacer nada productivo, al final habrás envejecido un año y tendrás veinte años, pero ¿creciste?. Si yo, a mis ochenta y siete años, me quedo en cama por un año sin hacer nada, al final tendré ochenta y ocho años, habré envejecido un año más pero no habré crecido ni un ápice.

Nadie deja de envejecer. No necesitas ningún talento o habilidad especial para envejecer. La idea es crecer pero siempre buscando la oportunidad en el cambio.

No tengan remordimientos, los ancianos usualmente no tenemos remordimientos por lo que no hicimos. Los únicos que tienen miedo de morirse, son aquellos con remordimientos.

Ella concluyó su discurso cantando valientemente "La Rosa".

Nos desafió a todos a estudiar detenidamente la letra de esa canción y a vivirla en nuestras vidas.

Cuando el año concluyó, Rosa obtuvo el grado universitario que había empezado hacía tantos años. Una semana después de la graduación, murió pacíficamente mientras dormía.

Más de dos mil estudiantes de la universidad fueron a su funeral a rendir tributo a esa maravillosa mujer que nos enseñó con el ejemplo que nunca es muy tarde para ser todo lo que puedes ser.

Letra de La Rosa.

Algunos dicen que el amor es como un río, que ahoga a los delicados arbustos de sus orillas.

Algunos dicen que el amor es como una navaja, que deja tu alma sangrando.

Algunos dicen que el amor es como una hambruna, una interminable y dolorosa necesidad.

Yo digo que el amor es una flor, y tú solo eres la semilla.

Es el corazón temeroso de ser roto que jamás aprendió a reír.

Es el sueño con miedo de despertar que nunca aprovechó la oportunidad.

Es aquel que nunca fue querido y que nunca quiso, y el alma temerosa de morir que nunca aprendió a vivir.

Cuando la noche ha sido demasiado solitaria, y el camino demasiado largo, y piensas que el amor es solo para los afortunados y los fuertes, solo recuerda que en invierno, debajo de la profunda nieve descansan las semillas que en primavera, con el amor del sol, se convertirán en rosas.

 

 

Parábola del caballo
Un campesino, que luchaba con muchas dificultades, poseía algunos caballos para que lo ayudasen en los trabajos de su pequeña hacienda. Un día, su capataz le trajo la noticia de que uno de los caballos había caído en un viejo pozo abandonado. El pozo era muy profundo y sería extremadamente difícil sacar el caballo de allí. 
El campesino fue rápidamente hasta el lugar del accidente, y evaluó la situación, asegurándose que el animal no se había lastimado. Pero, por la dificultad y el alto precio para sacarlo del fondo del pozo, creyó que no valía la pena invertir en la operación de rescate. Tomó, entonces, la difícil decisión: Determinó que el capataz sacrificase al animal tirando tierra en el pozo hasta enterrarlo, allí mismo. 
Y así se hizo. Los empleados, comandados por el capataz, comenzaron a lanzar tierra adentro del pozo de forma de cubrir al caballo. Pero, a medida que la tierra caía en el animal este la sacudía y se iba acumulando en el fondo, posibilitando al caballo para ir subiendo. Los hombres se dieron cuenta que el caballo no se dejaba enterrar, sino al contrario, estaba subiendo 
hasta que finalmente, ¡consiguió salir! 
Si estas "allá abajo", sintiéndote poco valorado, y los otros lanzan sobre ti la tierra de la incomprensión, la falta de oportunidad y de apoyo, recuerda el caballo de esta historia. No aceptes la tierra que tiraron sobre ti, sacúdela y sube sobre ella. Y cuanto mas tiraren, mas irás subiendo, subiendo, subiendo ... sonriendo, hasta llegar al sitio que mereces ¡tu vales! ¡Recuérdalo siempre! 

 


Las personas son regalos que la vida me ha dado. 
Ya vienen envueltas, algunas en forma muy bella y otras de una manera menos atractiva. 

Algunos han sido maltratados en el correo; otros llegan como "Entrega Especial"; 
Algunos llegan envueltos, otros cerrados con gran rigidez. 

Pero la envoltura no es el regalo y es importante darse cuenta de esto. 
Es muy fácil equivocarse en este sentido, juzgando el contenido por el estuche. 

A veces el regalo se abre con facilidad; otras se necesita la ayuda de otras personas. 

Tal vez es porque tiene miedo, quizá han sido heridas antes y no quieren ser lastimadas de nuevo. 

Pudo ser que alguna vez se abrieron y luego se descartaron. 
Quizá ahora se sienten más bien como "cosas" que como seres humanos. 

Yo soy una persona. Como todas las demás personas también soy un regalo. Poseo una bondad que es sólo mía. 
Y sin embargo, algunas veces tengo miedo de mirar dentro de mi envoltura. 

Tal vez temo decepcionarme, quizá no confío en el que llevo dentro. Pudiera ser que en realidad nunca he aceptado el regalo que soy. 

Cada encuentro y comunicación entre personas es un intercambio de regalos. 

Mi regalo soy yo, tú eres tu regalo. 
Somos obsequios de Dios unos para otros. 

Es difícil pensar en ocasiones que aquel que me ha lastimado es también un regalo de Dios, pero si vemos la ofensa como una envoltura maltratada y no nos quedamos con ella, seguramente encontraremos un hermoso regalo, pues de cada suceso Dios nos tiene una enseñanza para crecer en su amor, en nuestra fe......... 

Nosotros mismos podemos tener una envoltura tan maltratada por el tiempo y las circunstancias, pero lo que llevamos dentro siempre será hermoso, pues quien lo puso ahí es nuestro Creador, solo tendríamos que ver hacia adentro y estar listos para darnos....... descubre en tu interior todos los dones con los que El Señor te conformó y sé el digno regalo para los que te necesitamos.

 

 


Ya estoy cansada de ser fría y de correr río abajo. Dicen que soy necesaria. Pero yo preferiría ser hermosa, encender entusiasmos, encender el corazón de los enamorados y ser roja y cálida. Dicen que yo purifico lo que toco, pero más fuerza purificadora tiene el fuego. Quisiera ser fuego y llama".
Así pensaba en septiembre el agua de río de la montaña. Y, como quería ser fuego, decidió escribir una carta a Dios para pedir que cambiara su identidad.
"Querido Dios: Tú me hicisteis agua. Pero quiero decirte con todo respeto que me he cansado de ser transparente. Prefiero el color rojo para mí. Desearía ser fuego. ¿Puede ser? Tú mismo, Señor, te identificaste con la zarza ardiente y dijiste que habías venido a poner fuego a la tierra. No recuerdo que nunca te compararas con el agua. Por eso, creo que comprenderás mi deseo. No es un simple capricho. Yo necesito este cambio para mi realización personal... ".
El agua salía todas las mañanas a su orilla para ver si llegaba la respuesta de Dios. Una tarde pasó una lancha muy blanca y dejó caer al agua un sobre muy rojo.
El agua lo abrió y leyó: "Querida hija: me apresuro a contestar tu carta. Parece que te has cansado de ser agua. Yo lo siento mucho porque no eres una agua cualquiera. Tu abuela fue la que me bautizó en el Jordán, y yo te tenía destinada a caer sobre la cabeza de muchos niños. Tú preparas el camino del fuego. Mi Espíritu no baja a nadie que no haya sido lavado por ti. El agua siempre es primero que el fuego..."
Mientras el agua estaba embobada leyendo la carta, Dios bajó a su lado y la contempló en silencio. El agua se miró a sí misma y vio el rostro de Dios reflejado en ella. Y Dios seguía sonriendo esperando una respuesta.
El agua comprendió que el privilegio de reflejar el rostro de Dios sólo lo tiene el agua limpia... Suspiró y dijo: "Si, Señor, seguiré siendo agua. Seguiré siendo tu espejo. Gracias".
La proclamación pública de mi fe determina la conducta que debo mantener 

 

 


¡Qué bueno! ¡Qué bueno!
Las circunstancias de la vida se presentan ante nosotros como dados lanzados sobre una mesa de vidrio. No importa cómo los tiremos, pues podremos ver cualquiera de los números, variando nuestra perspectiva. 
En la vida hay personas que solo ven los números bajos y otras siempre ven los números altos. 
Cuentan que un rey tenía un consejero que ante circunstancias adversas siempre decía: "qué bueno, qué bueno, qué bueno". Un día de cacería el rey se cortó un dedo del pie y el consejero exclamó: "qué bueno, qué bueno, qué bueno". El rey, cansado de esta actitud, lo despidió y el consejero respondió: "qué bueno, qué bueno, qué bueno". Tiempo después el rey fue capturado por otra tribu para sacrificarlo ante su dios. Cuando lo preparaban para el ritual, vieron que le faltaba un dedo del pie y decidieron que no era digno para su divinidad al estar incompleto, dejándolo en libertad. 
El rey ahora entendía las palabras del consejero y pensó: "qué bueno que haya perdido el dedo gordo del pie, de lo contrario ya estaría muerto". Mandó a llamar a palacio al consejero y le agradeció. Pero antes le preguntó por qué dijo "qué bueno" cuando fue despedido. El consejero respondió: "si no me hubieses despedido, habría estado contigo y como a tí te habrían rechazado, a mí me hubieran sacrificado". 
La vida es como un laberinto, con muchos caminos por tomar. En el diario caminar podemos estrellarnos contra las paredes cuando las circusntancias son difíciles. Pero hay que tomar una actitud como la del consejero de la historia: positiva y de desapego. Nada ganamos angustiándonos, preocupándonos y torturándonos con los problemas. Para cualquier dificultad en la vida existe una razón que muchas veces escapa a nuestra perspectiva y no entendemos en el momento. No podemos entender el por qué de todas las paredes del laberinto, a menos que nos elevemos y veamos la figura completa. 
La vida es un aprendizaje permanente: todo estudiante recibe primero la lección y luego los problemas por resolver. En la vida real es al revés: primero nos dejan problemas para resolver y luego debemos deducir la lección. De la misma forma como la tensión durante un examen hace que baje nuestro rendimiento, la vida nos prueba que la mejor forma de rendir bien es con desapego y una buena actitud. 
¿Por qué es tan difícil enfrentar los problemas con una actitud positiva? Por la distancia entre tú y el problema. Imagínate que vas en patines y remolcado por un auto. Si tienes la cuerda muy corta entre tú y el auto, seguramente no verás con anticipación los baches en la pista y te golpearás. 
En cambio, si tú eres remolcado por un auto con una soga larga, verás los baches y podrás esquivarlos. Lo mismo ocurre en la vida: mientras más distancia tomemos y tengamos más soga entre nosotros y los problemas, podremos tener la libertad para escoger nuestra respuesta y evitar los golpes. 
El stress, el trabajo exagerado, la falta de tiempo para descansar, para la familia, y para desarollar actividades espirituales; en suma, el estar desbalanceado acorta la soga y nos quita libertad para responder. Si llegamos del trabajo con stress y nuestro hijo comete una travesura, reaccionamos desproporcionadamente, haciendole daño a quien más queremos. Cuando estamos tensos y con sobrecarga de trabajo en la oficina y un colega nos hace una crítica, explotamos. Así creamos un clima laboral contraproducente y afectamos las relaciones interpersonales. 
Dedícale tiempo a este tema. Alarga tu soga ante los problemas, balanceando tu vida. Así, la próxima vez que te enfrentes a una dificultad podrás decir como el consejero del rey: "Qué bueno, qué bueno, qué bueno" 

 

 



Olvidemos lo que nos hace daño
Dos monjes iban caminando por el campo al atardecer; mientras caminaban, oraban y reflexionaban. Un poco antes de acercarse a un río que tenían que cruzar el cual no tenía puente para hacerlo, se les acercó una mujer de baja estatura, pidiéndoles que le ayudaran a cruzar el río. 
Uno de ellos inmediatamente dijo que sí, mientras el otro lo veía con mirada de desaprobación. El que se apuntó para ayudar a la pequeña mujer la subió en sus hombros y terminado el río la bajó de sus hombros, la mujer quedó muy agradecida con ese monje. 
Los monjes siguieron su camino y el que no aprobó la decisión empezó a reclamarle al monje que ayudó a la mujer a cruzar el río acerca de su comportamiento: "¿Por qué subiste a esa mujer a tus hombros?, ¿no sabes que en el convento nos 
tienen prohibido mantener contacto con mujeres?" El monje que había ayudado a la mujer no respondía a las preguntas del otro monje. Siguieron su camino y el monje insistía en sus preguntas, a lo que el otro monje no respondía. 
Poco antes de llegar al convento, el monje le volvió a cuestionar acerca de lo que había hecho y por fin el monje respondió: "Hace más de cuatro horas que esta mujer ya no está cerca de mi cabeza, pero sigue en la tuya. ¿Qué ganas con 
hacerte daño al tener en tu mente cosas del pasado?, ¿qué ganas con tener en tu mente cosas que a ti no te afectan?" 

 

Si...
- Afirmo que Dios es todopoderoso, que él es para mí un Padre lleno de amor, cuyos cuidados nunca me faltan, y se me ve inquieto, turbado y agitado;

- Si declaro que el creyente no es de este mundo, que es un extranjero en la tierra... y me aferro a los bienes terrenales, busco mi bienestar o critico al gobierno;

- Si digo que espero al Señor, que él puede venir en cualquier momento... y hago miles de proyectos sin tener este evento en cuenta;

- Si doy gracias por la comida servida en la mesa y al instante me quejo del alimento que me dan;

- Si hablo de la felicidad de los creyentes... y estoy triste, y si a mi alrededor veo personas que no conocen a Jesucristo... y no les enseño el camino de la salvación:

¡Todo esto sería una gran contradicción! Para nuestra verguenza,
podríamos alargar la lista.
No basta reconocer nuestras inconsecuencias, hay que remediarlas.

Palabras
Si te dices filósofo, no me hables de filosofía; muéstrame tu amor a la verdad. 
Si te dices teólogo, no me hables de teología; muéstrame qué significa Dios en tu vida. 
Si te dices pensador, no me hables de lo que pensaron los pensadores; muéstrame qué piensas tú. 
Si te dices político, no me hables de política; muéstrame qué haces por el bien de todos. 
Si te dices bueno, no me hables de la bondad; muéstrame cómo amas. 
Si te dices creyente, no me hables de tu credo o de tu religión; muéstrame tu modo de vivir. 
Convengamos en no engañarnos 
huyendo con el ruido de palabras huecas 
del vértigo que nos causan 
los vacíos de nuestra vida. 

¡Despertemos, cristianos! Proclamemos nuestra fe sin flaquear. No nos avergoncemos de nuestro Señor.

 




REFLEXIONES

La felicidad no depende tanto de nuestras circunstancias externas como
de nuestra actitud interior.

Lo que le hace falta al hombre no es el dinero, ni el bienestar, ni el
éxito. Necesita a Dios. Por eso murió Cristo.

La fe consiste en ponerse a disposición del Señor y no el Señor a
nuestro servicio.

¡Qué gracia poder dejar en manos del divino relojero el mecanismo tan
complicado de mi alma!.

Un cristiano es un soldado de Jesucristo y nunca debe convertirse en ex
combatiente.

No hay situaciones desesperadas. Sólo hay hombres que desesperan y,
lamentablemente, no esperan en Dios.

Cuando la segadora-trilladora está trabajando, la enorme máquina habla
de la increíble ingeniosidad del hombre. Pero la cebada y el trigo cosechados
también hablan a nuestra mente. Dicen que ninguna potencia en el mundo sería
capaz de fabricar una sola espiga.

"Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra
de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía." (Hebreos
11:3).


      

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